15 de mayo
La paz como un río
Isaías 48, 18 y 22
Si hubieras prestado atención a mis mandamientos, tu paz habría sido como un río; tu justicia, como las olas del mar. - «No hay paz para el malvado», dice el Señor.
Estimados lectores y lectoras:
Hoy quiero mostrarles un sello postal del corazón de Europa. En él se ve el Mosela, que nace en los Vosgos franceses, atraviesa Luxemburgo y desemboca en el Rin, en Alemania, a la altura de Coblenza. El artista luxemburgués Nico Klopp ha pintado este idílico paisaje del Mosela.
Esta imagen irradia tranquilidad. El río fluye plácidamente hacia el observador. Dan ganas de bajar del viñedo y sentarse a la orilla. Disfrutar de la tranquilidad y de la vista del río en calma.
Dios habla, a través del profeta Isaías, de una paz como un río que nunca se seca. Es una imagen preciosa que me llega mucho. Paz que no tiene fin. Paz de la que puedo disfrutar. Paz que me hace feliz. Que se extiende por mi vida, por mis relaciones, por mis pensamientos y sentimientos. Dios nos promete esta paz, que no se puede comprender con la razón ni con el entendimiento (Carta a los Filipenses 4,7): „Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.“
Dios concede esta paz a todo aquel que le escucha y considera que sus normas de vida son correctas y buenas. Quien se rebela contra Dios y desprecia sus mandamientos, nunca encontrará esta paz. Ni en su alma ni en sus relaciones con los demás.
La paz de Dios trae felicidad. La paz y la felicidad no se pueden conquistar. La paz y la felicidad son un regalo. Dios mismo es la fuente de ambas. Allí donde Él puede dejar fluir su paz, esta paz impregna la vida como una arteria vital.
El Mosela atraviesa tres países. No conoce fronteras. Al igual que la paz de Dios no conoce fronteras. La paz de Dios será ilimitada en nuestras vidas. Invitemos a Jesucristo a que desarrolle su paz en nosotros. Porque „Cristo es nuestra paz.“ (Efesios 2, 14). Jesucristo es la fuente de esta paz divina.
Muchas gracias por haberme visitado y por haberme escuchado. Que puedan experimentar esta paz. Me alegrará que vuelvan a visitarme el 1 de junio con un sello para la próxima homilía breve.